'Maybe it's the weather, but i've got nothing in my heart'- Esas son las líneas con las que Marissa Nadler nos dice adiós en "July"; un álbum que desde su portada muestra la tristeza y la oscuridad que emana de su corazón, pero dejando al descubierto detrás de su espalda una luz que la va encaminando hacía la resignación. Su sexto material de larga duración llega acompañado de muchas emociones que no sólo se centran en la parte musical del mismo, sino que abarca una infinidad de problemas personales que incluso la llevaron a contemplar la idea de retirarse de la música. Y lo hizo, el año pasado simplemente optó por vender todos sus instrumentos para coartar el proceso creativo de este material, y después de eso logró encontrar un trabajo en una escuela para dar clases de pintura. Esa información nunca llegó a ser revelada en realidad, con todo y que constantemente iba dando updates en sus cuentas personales sobre cómo se iba desarrollando la continuación de su exquisito álbum homónimo de 2011. Pero esos datos salieron a la luz después de que ella misma cambiara de parecer en cuanto Caleb Braaten de Sacred Bones Records le mandó un mail para externarle los deseos que tenía de poder trabajar con ella. Marissa Nadler no se pudo negar ante tal oferta, y de inmediato volvió a hacerse de una guitarra para darle una mayor forma a las piezas que ya había redactado en su vieja libreta. Y aunque desde un inicio se podría pensar que "July" estaría contando con un perfil más oscuro por haber sido arropado por un sello que en sus 6 años de vida ha estado trabajando con proyectos que navegan en el post-punk y los tonos goth de la música electrónica, esta producción si viaja bajo panoramas grises y oscuros, pero que no tienen nada que ver con un género musical. Quiero decir, la oscuridad de "July" no es un sonido, ni mucho menos una estética; la oscuridad del disco es simplemente el impulso natural que tenemos todas las personas cuando nos vemos lastimadas o enfrentadas a lidiar día con día con una perdida emocional. Marissa Nadler ha plasmado a la perfección el lado bello que se esconde en una sensación como la tristeza; esa cara que muchas veces no logramos observar al estar cegados por las gotas de agua que inundan nuestros ojos. "July" es un disco con canciones que nos muestran el lado oscuro del amor; ese lado que no se alimenta de la fantasía y los deseos de contar con una solución para todos los problemas que se presenten en una relación. Es un manifiesto que trata de enseñarnos a dejar ir, y no retener a un ser humano que lo único que ha hecho por nosotros es rechazarnos. Pero "July" no es tanto un álbum para nosotros, es un claro escape que Marissa Nadler ha diseñado para liberar las emociones traumáticas que se fueron acumulando en su pecho desde una caótica ruptura por la que paso hace dos años en un 4 de Julio, justo como lo narra en la dolorosa "Firecrackers". De ahí viene el nombre del disco, y de ahí es como canciones como "Drive" se van convirtiendo en un extraño confidente que no hace más que abrazarnos con la belleza de su desoladora ternura al exclamar 'still remember all the words to every song you've ever heard'. Cada una de las piezas de "July" no son explosivas, pero cuentan con una maravillosa fuerza que se mantiene flotando por un ambiente gris que Randall Dunn se encargó de pulir al estar involucrado en la producción del disco. Y no es para menos, ya que considerando el trabajo que Dunn ha realizado con bandas de black metal de la talla de Wolves In The Throne Room y Sunn O))), no es de extrañarse que Marissa Nadler haya logrado fundir su tristeza con la sabiduría pensante de este tipo a la hora de encontrar el complemento perfecto que logre encajar con ese sentimiento. Además, cabe mencionar que los arreglos de Eyvind Kang hacen que las armonías de canciones como "We Are Coming Back" impulsen la embrujante belleza de su tonalidad vocal, así como esos instantes en los que se manifiestan por primera vez las percusiones en "Was It A Dream" y "I've Got Your Name". Por otro lado, aún con las letras tristes del disco que imploran por un regreso inevitable en la carta que jamás fue entregada en "1923", desde que "Dead City Emily" vio la luz del día no pude dejar de pensar en lo inmensamente agradecidos que debemos de estar con Braaten, ya que de no haber sido por él lo más probable es que en este momento no estaríamos siendo testigos de las vivencias personales de Marissa Nadler, las cuales no han sido expuestas de un modo en el que seamos invasores de su privacidad, sino que son vivencias que eventualmente serán nuestra mejor compañía en un instante en el que necesitemos procesar algún dolor en nuestro corazón. Pero regresando un poco al tema de la voz, canciones como "Anyone Else" y "Desire" tienen el potencial de mostrar al natural el encanto de Marissa Nadler, ya que si bien en el pasado su voz iba recorriendo nuestra piel al verse fundida con tonalidades de ensueño, en esta ocasión esa parte fundamental se apodera de todo nuestro entorno como si fuera una entidad goth como Chelsea Wolfe. Es un álbum cautivante, tiene un mágico poder indescriptible, y aunque los seis álbumes que ha entregado hasta el momento han sido impecables, no me queda la menor duda de que con "July" por fin ha encontrado su propia voz para seguir haciendo música sin volver a considerar la idea de alejarse de ella, y menos ahora que forma parte de un sello discográfico que la ha acercado a una de sus más grandes inspiraciones: David Lynch. Al final de todo, cualquier persona puede hacer una canción de amor o desamor, pero muy pocos pueden hacer canciones que logren evocar sentimientos como lo ha hecho ella.
Marissa Nadler: Website / Myspace / Twitter / Facebook / Bandcamp
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