
"Valtari" es un álbum que fue hecho para olvidarse, era como un limitado intento por volver a emitir las mismas sensaciones que plasmaron en "Ágætis Byrjun" y "( )". El intento no fue catastrófico, ya que Sigur Rós es un acto con impecables habilidades musicales, sin embargo en ese material editado el año pasado me dio la impresión de que la banda estaba llegando al final de una era, y lo quisieron hacer de la forma más rápida posible. Obviamente después de eso perdieron a un integrante, y con ello en su modalidad de trío han querido explorar un poco más los terrenos agresivos que pueden alcanzar en lugar de seguir enfocando sus ideas en las tenues y relajantes ambientaciones que nos fueron entregando hasta "Takk...". El séptimo álbum de larga duración de estos Islandeses nos muestra un panorama en el que Sigur Rós no solamente puede ser elogiado por sus hermosas composiciones instrumentales del pasado, sino por la tremenda capacidad que tienen para ajustarse a ritmos más acelerados en los que nos topemos con melodías que de inmediato se queden grabadas en nuestra mente. Seguro, todos ubicamos a la perfección más de una de sus canciones, sin embargo en "Kveikur" hay una belleza natural que abraza por completo el ritmo de la batería para que en esta ocasión, no sólo quedemos fascinados ante la belleza de sus armonías, sino que también tengamos un fuerte impulso para bailar al compaz de "Yfirborð". En esta canción, me llama la atención el cómo un simple golpeteo en la percusión puede emular sin ningún problema un beat electrónico sin hacer de Sigur Rós un acto que trate de incursionar en ese mundo, lo cual embona de maravilla con sus segundos introductorios y la manera en la que va llegando a su fin, ya que a diferencia de "Valtari", en esta producción existen múltiples referencias a los intros que le dieron vida a los cortes que en todo momento nos quitaban el aliento en "( )". Por otro lado, hay una mayor fuerza en las lineas de bajo que acompañan este material desde "Brennisteinn", e incluso este mismo elemento es el que constantemente va provocando una potente distorsión de la mano del estilo chelista que tiene Jónsi para manipular su guitarra. "Brennisteinn" no es nada más una potente introducción a "Kveikur", también es la prueba de que Sigur Rós puede crear una canción agresiva de manera impecable y segmentada en diferentes capitulos que van recorriendo cada momento de su carrera, sobre todo en la pausa que existe a la mitad de la canción en donde Jónsí se apodera de todo con su delfinico tono vocal para embrujar por completo la melodía que poco a poco va entrando en un ritmo impresionante que nunca antes había existido dentro de sus composiciones, ni en la hiperactividad de "Með suð í eyrum við spilum endalaust". El típico ambient que les conocemos también hace de las suyas en este recorrido con todo y que es un disco que se ha venido vendiendo como algo potente, que lo es, pero también porta con elegantes arreglos que exponen trompetas y violines en su estructura más oscura. Por ejemplo, "Hrafntinna" en sus primeros segundos tiene una vibración muy similar a "Moya" de Godspeed, aunque esta es rápidamente reajustada para seguir recorriendo los paisajes envolventes de Islandia, aunque existan algunos otros cortes en los que se manifiesta la idea de lo que hubiera pasado si Sigur Rós fuera una banda proveniente de Inglaterra, como "Rafstraumur"; una canción que demuestra que si ese fuese el caso, no habría pasado mucho con ellos, y tal vez nunca hubieramos tenido acceso a las obras maestras que nos entregaron durante la década pasada, sin embargo aún así demuestran que saben hacer esto mucho mejor que Coldplay. Ahora bien, en realidad todo este universo encabezado por un rítmo mayor estelarizado por la batería no es algo nuevo, en "Takk..." nos regalaron momentos impecables como "Gong", el cual es citado en la belleza de "Ísjaki" de principio a fin. Además, pocos discos tienen un corte que realmente reúna cada aspecto que nutre el resto de las piezas que lo componen como el caso del track homónimo de este material, ya que en "Kveikur" se hace presente un épico coro que nos va introduciendo poco a poco a la violenta oscuridad que se ha apoderado de las mentes de Jónsi, Georg y Orri, sin mencionar que probablemente esta es la forma más poderosa que podemos escuchar de la banda desde la apocaliptica explosión de "Popplagið". La fantásia pasional que ha hecho de Sigur Rós una leyenda post-rock se ha expandido por completo en este material debido a que no solamente es un álbum de este género, sino que canciones como "Stormur" y " "Bláþráður" proyectan una reinvensión total que les era más que necesaria para no seder ante la tentasión del hiatus que los estuvo acompañando desde que Kjartan Sveinsson anunció su salida. "Var" es una pequeña pieza instrumental que me remite fuertemente a la melancolia y el dolor emocional que fue respaldando los colores sepia de "Valtari", aunque en esta ocasión ese sentimiento sirve para cerrar con broche de oro un álbum que la banda ha estado describiendo como agresivo, fuerte, ruidoso, pero que en todo este tiempo han estado olvidando un adjetivo mayor: "Kveikur" es un álbum hermoso.
Sigur Rós: Website / Myspace / Twitter / Facebook